
NUEVA GERONA. — UN FILM ANIMADO muy gustado por los niños asegura que Todos los perros van al cielo y lo cumplen; sin embargo en la Isla de la Juventud muchos no llegan a la cita con el San Pedro canino porque quedan en tierra atropellados y a merced de las aves de rapiña.
En estos últimos meses varios «mejores amigos del hombre» perecieron en su intento de cruzar las calles o alcanzar alguna que otra migaja de pan abandonada irresponsablemente por algún transeúnte en la vía; lo cierto es que el mal olor acompañado de bacterias y microorganismos por tal estado de putrefacción, envenena el aire que respiramos los que habitualmente transitamos por esas vía.
«Es una invasión», le escuché decir a un compañero cuando trataba de alejar a uno que con «cara de bueno» esperaba las sobras de su merienda y en efecto, con una simple mirada alrededor comprobé que campeaban por su respeto en establecimientos comerciales, de producción, los parques, escuelas, centros culturales, de trabajo y las carreteras.
¿Qué se puede hacer para eliminar los perros deambulantes? «Una multa», dijo un trabajador de seguridad de la fábrica de ron al tiempo que echaba fuera a dos ejemplares que daban lástima por su aspecto.
Con él me enteré que el departamento encargado de controlar ese fenómeno sanciona a la dirección de la entidad en la que se detecte un perrito en cualquier área y por consiguiente se deben tomar las medidas verticales pertinentes con los infractores.
También comentaban entre ellos —eran tres—, porque «en vez de multas no los recogen y guardan en perreras, así se evita ver tantos por ahí», decía uno; «No, y cuando fulano (no recuerdo el nombre) está aquí si que es difícil sacarlo», decía otro.
Me imagino que se deba a que ese fulano le ofrece comida, cariño y se sirva del perro durante sus guardias nocturnas que por muy mala raza que sean, siempre anuncian la presencia de extraños cerca del lugar donde pernoctan; entonces bien valiera la pena adoptarlos en función de sus utilidades y no despreciar su compañía.
Perros y humanos siempre se han llevado bien, cada cual en su lugar y con su misión, sin exagerar, pues muchos cuidan de sus mascotas igual que a sus seres queridos, lo llevan a la peluquería, a la playa —con trusa y todo— y hasta tienen dieta diferenciada del resto de la familia.
No los critico, si tienen esa posibilidad que más pudiera esperar un perro de su dueño; lo cierto es que hoy conviven con las personas literalmente como «perros en su casa» por toda la ciudad y creo que se debe hacer algo al respecto para evitar que autos y bicicletas los atropellen en plena calle porque ¿Cómo se sancionará entonces al conductor de un vehículo cuando por no atropellar a su «mejor amigo» provoque otros daños? ¿Usted qué cree?
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