Enseñar es una tarea de mucho amor
Marzo 19, 2008
Disciplinar a nuestros hijos, nos coloca en la imagen de los padres malos y castigadores, porque siempre asociamos la disciplina con algo negativo, egoísta y autoritario pero afortunadamente estos conceptos universales están en decadencia.
Por otra parte, se hace imprescendible que los padres entiendan que nuestros hijos necesitan un orden, pero ¿qué clase de orden?
Una disciplina que los ayude a convivir, a respetar los derechos de los demás y reconocer que ellos también tienen sus propios derechos, pero también sus deberes. La palabra disciplina se origina de “discípulo”, que significa “aprendiz”.
Disciplina significa enseñanza y preparación. Forma parte de nuestra tarea de ser padre o madre. Es una forma de transmisión de amor y de valores a nuestros hijos.
Si enseñamos con amor y afecto a nuestros hijos podremos lograr una cambio positivo en sus conductas y hábitos correctos; maneras acertadas de expresar sentimientos; modos adecuados de jugar y compartir; valores familiares y sociales y seguridad tanto para ellos como para nosotros los adultos.
No se debe confundir nunca la disciplina con castigo. El castigo provoca temor, desconfianza y lo que es más lamentable, deteriora los lazos afectivos entre padre e hijos, a la vez que siembra en los niños la semilla de violencia, abuso y agresividad.
En todo proceso de disciplina se deben tomar en cuenta los siguientes aspectos:
- Antes que todo: la disciplina que se aplique, deberá estar de acuerdo a la edad y capacidad del niño
- Deberá ser constante y firme: cuando diga algo, esté preparado para actuar y cumplir. Unir la palabra a la acción
- Se deben establecer reglas: antes, algo muy importante: recuerde que lo que se va a delinear es la conducta y no los sentimientos que la acompañan. Los sentimientos siempre deben reconocerse, aunque no se acepte la conducta que originan. Ejemplo: el niño lanza un juguete porque está enojado, se le debe reconocer el sentimiento de enojo, más no la conducta de lanzar el objeto. Se le debe explicar que todo comportamiento tiene una consecuencia, en este caso es que podría herir a alguien o a él mismo. En el aprendizaje de las reglas de convivencia se recomienda ir introduciéndolas poco a poco, comenzando por las más necesarias. Evite el exceso de reglas y también el ser muy permisivos. Recuerde: todo en la vida debe tener un equilibrio.
- Se deben establecer rutinas claras: horarios para cada actividad del día (comidas, bañarse, ir a dormir). No siendo tan rígidos, hacerlas dentro de determinada hora, no a una hora exacta (es imposible de cumplir por el ritmo de vida actual). Recuerde: edad del niño, personalidad y destrezas.
- No se deben hacer amenazas. Se deben hacer advertencias.
- Al definir los límites: éstos deberán ser claramente definidos por los padres y comprendido por los hijos, antes de ser impuestos como norma de comportamiento. Los límites deben apoyarse en las necesidades de padres e hijos. Deben fijarse sin que afecten el respeto y autoestima del niño, ni de los padres. Recuerde: tenga en cuenta siempre las etapas de desarrollo y temperamento de su niño.
- Luego de que su hijo entienda perfectamente lo que se espera de él, considérelo a partir de ese momento, responsable de su comportamiento. Insistiendo: en atención a su edad y personalidad.
- Se deberán ignorar, en lo posible, las conductas inapropiadas (ejm: rabietas); sólo preste atención al niño cuando esté sereno. Instruya y tranquilice a su hijo tan pronto la situación de desafío termine. Abrácelo y explíquele lo que ocurrió.
- Diferencie entre desafío intencional y la irresponsabilidad infantil. Ejemplo: olvidar, perder, derramar cosas no son desafíos y deberán manejarse lo más suavemente posible.
- No abuse del “NO”. Actúe. Los niños entienden mejor la acción que el mensaje repetitivo.
- Las consecuencias deberán ser inmediatas al comportamiento ( una conducta inadecuada que sucedió en la mañana no puede ser corregida en la tarde o a las horas de haber sucedido). Las consecuencias tambien deben ser apropiadas y de corta duración.
- No olvide elogiar permanentemente a su hijo cuando hace las cosas bien.
- Se debe estimular su autonomía: bañarse y vestirse solo, que escoja su vestuario, etc. Recuerde: edad y personalidad del niño.
- No debe ser repetitivo.
- No deberá haber contradicciones entre padre y madre: los padres deben ponerse de acuerdo en la manera de cómo disciplinar a sus hijos. Ambos deben coordinarse y nunca contradecirse.
- Dediquen a sus hijos un tiempo exclusivo e individual, de calidad, sin interrupciones. Ésto fortalecerá su autoestima.
- Y recuerde siempre: AL DISCIPLINAR A SUS NIÑOS, PERMITA QUE EL AMOR SEA SU GUÍA.
Entry Filed under: Atención especializada. Etiquetas: Add new tag, adolescentes, amor, autoridad, cariño, castigo, comunicación, conducta, conflictos intergeneracionales, disciplina, hijos, padres, realidad.
5 Comments Add your own
Leave a Comment
Some HTML allowed:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>
Trackback this post | Subscribe to the comments via RSS Feed

1.
Juliett Morales | Abril 3, 2008 at 8:03 pm
Me parece muy interesante los consejos que en este trabajo das a la educación de los hijos. Todos, los necesitamos de una manera u otra, aunque no tengamos la dicha de ser padres, aún.
2.
Zenia | Abril 8, 2008 at 7:05 pm
El necesario equilibriommmmm…..què difìcil.
Buenos vidrios para caminar sobre ellos. ¡Salud¡
3.
SOPHIE | Mayo 13, 2008 at 3:42 pm
EXCELENTE ARTÍCULO! QUISIERA, SI ES POSIBLE COMUNICARME CON LA PSICOPEDAGOGA GISELA VALERA, SI TIENE E-MAIL O PÁGINA WEB. GRACIAS!
4.
deborah | Mayo 13, 2008 at 3:44 pm
Muy interesante artículo, educativo
5.
sara | Mayo 13, 2008 at 3:46 pm
consejos muy´prácticos